Creatividad, belleza y diversión integrados en un pop-culture cinco estrellas para mentes perversas
Hace cosa de unos días decidí regalarme unos días de tranquilidad, alejado del mundanal ruido de la gran ciudad, correteando medio en pelotas por un balneario: opción hotelera muy prolífica en los tiempos que corren. Todo el mundo pasea por pasillos, comedores y recepción, con unos batines horrendos, enseñando sus esperpénticas canillas sin ningún tipo de pudor. Puede incluso que, en este momento, esté leyendo estas líneas embutido en uno de ellos. Lo más triste es que, cuando haga el check out del hotel, muchos lo intentarán sustraer del hotel oculto en su equipaje… igual incluso usted. Pero no se ofenda, ¿quién no ha birlado en algún momento de su vida, alguna fruslería de este tipo? Es un pecado venial del que se auto exculpará, según vaya madurando en la vida, y sepa prescindir de este tipo de idioteces.
Pero de lo que quiero hablar es de otro tipo de hurtos. Hurtos que quedan impunes, pero seguro que quien los realiza, se embolsa un buen fajo de millones al año a costa de cuatro peleles que nos acabamos de caer de un guindo. Aquí dos casos que ocurrieron nada más finalizar estos días de asueto:
1-. Nada más llegar a Barcelona, tuve que acudir a un supermercado para rellenar mi nevera. Teniendo en cuenta que me pillaba de camino y que era la hora de comer, me detuve en una de estas grandes superficies comerciales propiedad de una firma francesa, en la que abundan todo tipo de ofertas, y en las que afortunadamente, no tengo mucha necesidad de reparar en ellas. Pero miren por dónde, de todos los productos que me eché al carrito, uno de ellos pertenecía a un producto ofertado. Si compraba tres unidades de un producto cuyo precio era 1.70€, la oferta me dejaba la unidad a 70 céntimos de euro. Cuando llegué a caja, puse los tres artículos al principio de la cinta, temiendo que mis sospechas se iban a cumplir. Y, e voila!, en la cuenta, la susodicha oferta había desaparecido y me habían birlado tres euros. ¿Se imaginan ustedes a una familia con unos ingresos justitos, estudiando el folleto promocional al dedillo en busca de promociones en un intento de desahogar la economía familiar? Pues no me la quiero imaginar en la cola del súper a media tarde, teniendo que hacer una reclamación en atención al cliente, donde le espera otra interminable cola repleta de gente con los ánimos ciertamente exaltados.
2-. Segundo caso. El otro día realicé una compra por Internet con tarjeta de crédito que incluía el pago del envío por mensajería del paquete desde EE.UU. La empresa de mensajería, también norteamericana y con uniformes de color deposición, me llamó por teléfono indicándome que necesitaba darles mi nombre y NIF, y de paso, indicarme que debería pagar 28 euros por costes de aduanas a la recepción del paquete un viernes. Además de informarles de que el viernes no me encontraría en mi domicilio, les indiqué que el cargo a mi tarjeta incluía todos los costes de transporte, y que por tanto, no pagaría ni un euro más, así que ya se podían llevar el paquete de vuelta, rumbo a su país. Pero cual fue mi sorpresa, cuando el lunes, me encontré a al portero de mi finca, argentino para más señas, con el paquete en mano, indicándome que el ¿? viernes ¿? se había presentado un mensajero con el paquete, reclamándole e él los 28 euros. Y que tras mandarle a tomar viento fresco, le había entregado el paquete, porque tras revisar el albarán, ‘se había producido un error’.
No sé a ustedes, pero a mí, esta sensación de continua tensión para que no te tomen el pelo y se queden con mi dinero cuatro hijos de puta, me agota. Y como estos casos, suma y sigue, empresas de servicio que te cobran por no darte servicio, cargos de gastos bancarios que uno nunca sabe de dónde han salido, multimillonarios que se declaran insolventes mientras deja a familias sin los ahorros de una vida, etc., etc. La honradez es un valor en crisis, porque la vida te hace no ser honrado y ser un buscavidas. O das por culo, o te ponen las posaderas como un bebedero de patos.
Menos mal que, tras aquella fatigosa jornada, me enteré que Zapatero prestaría 3.000 millones de euros a los promotores para que impulsen el alquiler. ¡Castigado sector el de la construcción! ¡A ver cuando levantan cabeza!
Creatividad, belleza y diversión integrados en un pop-culture cinco estrellas para mentes perversas.
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1 alucinao | 23.09.2008 @ 5:53 PM
1.- Deberían regalar el albornoz (para ir acorde con las tarifas que se gastan)
2.- Plas, plas, plas
3.- Se podrían poner un mogollón de ítem más…
Un saludo.
2 Jokin | 23.09.2008 @ 7:25 PM
Cuanta verdad, Taxistas, tenderos, restaurantes, bares, telefónicas etc. En este país hay que estar con el trabuco cargado para no ser victima de bandidos en cada recodo del camino :|
3 Germán | 24.09.2008 @ 2:00 PM
¿Qué está pasando con Lola que está perdiendo su atractivo para llamarla? Siempre vuelvo para encontrar algo nuevo pero tengo la sensación que cada día es más difícil… ¿se nos fue la emoción? REVIVE, LOLA.
4 Jordi Andrés Solsona | 26.09.2008 @ 12:36 PM
Bravo, bravo y bravo! Qué gran verdad…
Te adjunto un caso personal, para que lo puedas añadir a la colección de indecencias abusivas…
5 Gerard | 3.10.2008 @ 12:04 PM
Grandes hijos de puta… y se podría hablar de ello todo el día… casos como esos hay en todas las esquinas y la honradez es una cualidad perdida para siempre…
6 Faustino Sarmiento | 26.11.2008 @ 4:16 PM
“Argentino para más señas”... detesto esa xenofobia.
Soy argentino. No soy Nalbandian, del Potro ni tu portero. Disfrutaba de tu sitio.